Tiempo, energía y eficiencia, diferenciadores en el mundo moderno

Submitted by admin on Tue, 10/28/2014 - 18:22

 

 

Por: Marcos Matías, Presidente de Schneider Elelectric para la Regíon Andina

 

¿Lo que no se mide no se puede administrar? Esta pregunta tiene dos caras, y en el caso de la eficiencia energética es bueno analizarlas ambas, pues cada una tiene un impacto importante en la manera en cómo una empresa puede cumplir sus objetivos en este sentido.

 

De acuerdo con la Asociación Nacional de Industriales (Andi), la energía en Colombia es más costosa, comparativamente, que en otros países de la región. Este ha sido un problema histórico, a pesar de contar con importantes recursos hídricos e hidroeléctricos, reconocidos a nivel mundial.

 

Consideremos algunas cifras: Colombia ocupa el puesto número 62 entre 144 naciones, como productor de suministro energético, según un reciente informe del Foro Económico Mundial. Además, de acuerdo con el Informe Nacional de Competitividad 2012- 2013, Colombia podría mejorar los costos de energía, pues en el país se gastan en promedio 10,4¢ (centavos de dólar) por kilovatio hora, mientras que con algunas modificaciones a la regulación podríamos disminuir este costo y hacer más competitiva a la industria.

 

Esto nos dice que, de cualquier manera, deberíamos invertir en eficiencia energética. Pero hay que determinar qué se va a medir y cómo dentro de este umbral de posibilidades. Con unos propósitos claros, se puede reducir el tiempo necesario para determinar las tendencias y los modelos de consumo para así obtener resultados concretos y las cifras que nos permiten comparar entre un periodo y otro, entre un método y otro, o entre una herramienta y otra.

 

Esto se reportará en la factura de la energía, claro está, y se convertirá en un buen paso inicial para comparar el consumo entre un periodo y otro, o la evolución de un modelo a lo largo de varios meses.

 

Las múltiples dimensiones de la eficiencia energética

 

Pese a las medidas que se han tomado sobre eficiencia, estas no han sido suficiente para la disminución del precio. Una alternativa frente a esta opción es que, por un periodo determinado, se pueda medir la potencia de las cargas que se han requerido y, a su vez, definir una ubicación en el tiempo y el espacio. De esta manera, se pueden definir con mayor precisión las variables y también se logra entender qué es lo que más consume en una instalación, en un centro de datos, en una planta de producción o en un edificio.

 

La eficiencia energética, como aplicación, se vale de estos datos para aplicar correctivos y así usar las tecnologías apropiadas, que incluyen sistemas de automatización de las operaciones, sistemas de control y sistemas de administración. Incluso, mediante estas consideraciones se puede entrar a determinar el uso de un software y aplicaciones especializadas que podrán apoyar la toma de decisiones.

 

Es simple, conociendo dónde y cuándo, los procesos se hacen evidentes y, así, tomar los correctivos necesarios será más sencillo. He aquí la importancia de planear cómo se desplegará la metodología de eficiencia energética a través de los siguientes pasos: 1) medir y auditar, 2) establecer bases, 3) automatizar y regular; y 4) monitorear continuamente.

 

La otra cara de la moneda

 

El desarrollo industrial, las exigencias de producción y la implementación de estándares internacionales nos obligarán a buscar mejores maneras de optimizar el consumo energético. En consecuencia, integraremos una visión cuantitativa que aún desconocemos. Es decir, la otra cara de la moneda. ¿Podemos medir la pasión, el impulso y la energía con la que determinamos en una junta directiva, en un consejo o simplemente desde la gerencia, cómo vamos a hacer relevante la eficiencia energética en los indicadores de gestión? Aunque se ponga todo el corazón, solo hasta la consecución final de las métricas se verá si es cierto el empeño, si se puso atención o si se requiere hacer más.

 

Los indicadores de gestión, en este caso, son menos complicados de medir y analizar. Se exhiben en las rutinas y los procedimientos de todos los empleados, en la manera como manejan la iluminación de su área y son conscientes de la responsabilidad que tiene cada uno en el papel de reducir la huella de carbono, tanto personal como de la empresa.

 

De igual manera, el resultado de la apropiación de esta responsabilidad y de este compromiso se multiplica y expande con más rapidez que cualquier otro mecanismo. A su vez, lo apropian con facilidad los hijos y los demás familiares de las personas con las que trabajamos, que probablemente asumirán con gusto esta actitud eficiente. Por lo tanto, sí es posible gestar y formar parte de una reacción en cadena que nos 7beneficia a todos en el proceso.

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