Las elecciones y el panorama del sector minero-energético

Submitted by admin on Thu, 04/03/2014 - 18:09

 

Por Oliver Wack, Analista para Colombia de Control Risks

 

El año 2014 promete ser particularmente interesante para Colombia y especialmente para su sector mineroenergético. No solo estamos ante el posible fin, al menos nominalmente, del conflicto interno que ha plagado al país durante los últimos cincuenta años, sino que empezarán a evidenciarse los efectos de por lo menos tres procesos electorales en el ámbito nacional, incluyendo las ya pasadas elecciones legislativas del 9 de marzo y probablemente dos rondas de las elecciones presidenciales, cuya primera vuelta se celebrará el próximo 25 de mayo.

 

Ambos procesos ofrecen posibilidades para el sector empresarial. Primero, en el largo plazo, el fin de del conflicto, aunque al comienzo no sea un proceso definitivo y consolidado, abrirá oportunidades considerables para un auge en la inversión extranjera y facilitará el emprendimiento de negocios en el país. Segundo, tras las elecciones presidenciales, si el Presidente Juan Manuel Santos resulta reelecto, esto último implicará la continuidad y la estabilidad en la política frente a las empresas y la inversión extranjera. Sin embargo, un análisis más riguroso de ambos acontecimientos revela un panorama menos alentador, sobre todo en lo que concierne a la locomotora del sector minero-energético.

 

 

Riesgos a corto plazo

 

No es un secreto que las elecciones, si bien son representativas de una tendencia deseable en el marco de la consolidación de la democracia como mecanismo de transición pacífica del poder, también suelen aumentar los niveles de incertidumbre y de riesgo político en el corto plazo. Para nombrar solo un ejemplo, las elecciones son los momentos en los que más impulso suelen adquirir los discursos del mal llamado “nacionalismo de recursos” y las amenazas de injerencia política el sector minero-energético por parte de candidatos políticos que esperan canalizar el apoyo popular a su favor a través de estas tesis. Esta dinámica es particularmente común en algunos países africanos, pero no es tan generalizada en Latinoamérica.

 

Otro ejemplo es el que se observa en el actual proceso electoral colombiano y es cuando los gobernantes, en búsqueda de ampliar su base de apoyo político, ponen mayor énfasis en temáticas que son de un atractivo particular para ciertos sectores del electorado. Concretamente, se ha observado cómo el gobierno Santos, consciente de que su principal oposición viene de la derecha del espectro político, le ha apostado a temas destinados a atraer el apoyo de espectro de centro-izquierda, a través de un discurso cada vez más duro en lo que tiene que ver con el tema de la protección del medio ambiente y el cumplimiento de las normas correspondientes, entre otras cosas. Si bien son perfectamente racionales, en el corto plazo, estas dinámicas generan confusión y aumentan la incertidumbre entre las empresas del sector.

 

Continuidad y estancamiento

 

A largo plazo, la probable reelección del Presidente Santos, si bien implica estabilidad en la política, también significa la posibilidad de que persistan ciertos problemas que ha enfrentado el sector minero-energético en los últimos cuatro años. Este hecho se ve agravado debido, principalmente, a dos factores. Primero, las elecciones del pasado 9 de marzo han cambiado considerablemente el panorama en el legislativo y en lugar de consolidar una mayoría aplastadora como la que obtuvo la Unidad Nacional durante el primer gobierno Santos, ahora la bancada del Gobierno tendrá una mayoría más pequeña, incluso si logra obtener el apoyo, al menos parcial, del conservatismo. Es decir, si el primer gobierno del Presidente Santos, con la considerable mayoría que tenía, no logró pasar reformas claves para aumentar la competitividad y reducir la burocracia, así como los tiempos de los trámites que enfrentan las empresas de petróleo y gas en el país, ¿cómo lo hará en el nuevo escenario político?

 

Segundo, es altamente probable que el próximo gobierno Santos esté bastante enfocado en la negociación de un posible acuerdo de paz con la guerrilla y que se gaste mucho capital político en temas relacionados con su implementación. Y al mismo tiempo, tendrá que hacer política a través de lo que en el mundo anglosajón se denomina horsetrading (comercio de caballos); es decir, negociar con los partidos en ambos extremos del espectro político y alcanzar compromisos para obtener apoyo para sus planes legislativos. Y por supuesto, no encontrará ese apoyo para temas relacionados con los diálogos de paz entre el Gobierno y las FARC con la derecha del expresidente Uribe, por lo cual es probable que tenga que asegurarse el apoyo político de la izquierda a través de compromisos en temas claves, como pueden ser los relacionados con el sector extractivo, el derecho laboral y la normatividad ambiental.

 

Ambos factores contribuyen a que el panorama político para el sector en los próximos cuatro años sea mixto. Por un lado, dentro del contexto político y operacional actual la posible continuidad tras las elecciones presidenciales de mayo permitirá tomar decisiones y hacer inversiones con confianza en que no habrá cambios radicales en la política. Por otro lado, esta continuidad también implica estancamiento y es altamente probablemente que los próximos cuatro años del gobierno Santos, en el evento de una reelección, traerán más de lo mismo, de lo bueno y de lo malo que se vio en la primera administración.

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